Una de las ventajas de ir cumpliendo años es que los vas llenando de recuerdos que siempre se pueden revivir cerrando los ojos, sobre todo cuando se recuerdan lugares y sensaciones más que momentos y personas.
Hace tiempo que tengo pendiente sacar del tintero la crónica de tres fabulosos viajes que ya viven en mi memoria, pero por la profusión de detalles que podría expresar siempre queda pospuesta la crónica. Por eso hoy quiero degustar sólo tres recuerdos puntuales, esperando el día de desgranar todos los detalles.
Por orden cronológico inverso el primer recuerdo que tengo es el de Japón, más en concreto la gente que lo habita, los seres civilizados más amables y cordiales de todo el planeta. Los japoneses son raros a más no poder, pero el resultado es insuperable, así que no hay razón para cuestionar el proceso cuando todo el mundo te atiende con una sonrisa y te trata con amabilidad.
El segundo recuerdo es Nueva York, más en concreto las tiendas de Nueva York, unos lugares en los que pasar largos ratos asombrándose de lo que ofrecen y de cómo lo ofrecen. Nunca imaginé que me gustaría ir de tiendas.
El último recuerdo, ya lejano en el tiempo, es Guatemala, en concreto el Parque Nacional de Tikal. ¿Cómo igualar la sensación del agua de una tormenta de verano refrescándote la piel del sofocante calor de la selva, mientras escuchas los gritos de los monos araña desde lo alto de una pirámide Maya?
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19.12.07
6.11.07
Bombones de Pampaneira
En uno de estos puentes que hay en esta época del año hicimos una excursión a la Alpujarra granadina, pues a pesar de su cercanía nunca habíamos estado por allí.
Personalmente no me impresiona el paisaje Mediterráneo, ni tampoco la montaña de la zona, pero indudablemente los pueblos tienen su encanto.
Sin embargo lo más impresionante fue degustar los bombones que un argentino fabrica en un pueblo perdido en la montaña (ha montado una pequeña chocolatería).
El pueblo en cuestión se llama Pampaneira, y la gracia de los bombones es que realmente son frambuesas silvestres recubiertas de chocolate. Al ser productos naturales hay que tomarlos sin que pasen muchos días, pero eso no es problema con estos bombones (no llegaron íntegros a las 24 horas).
En el mismo pueblo le compramos a un viejecito unas almendras que el mismo tostaba. Las mejores que hemos probado nunca, pero eclipsadas por los bombones rellenos de frambuesa (o frambuesas cubiertas de chocolate, según se mire).
Personalmente no me impresiona el paisaje Mediterráneo, ni tampoco la montaña de la zona, pero indudablemente los pueblos tienen su encanto.
Sin embargo lo más impresionante fue degustar los bombones que un argentino fabrica en un pueblo perdido en la montaña (ha montado una pequeña chocolatería).
El pueblo en cuestión se llama Pampaneira, y la gracia de los bombones es que realmente son frambuesas silvestres recubiertas de chocolate. Al ser productos naturales hay que tomarlos sin que pasen muchos días, pero eso no es problema con estos bombones (no llegaron íntegros a las 24 horas).
En el mismo pueblo le compramos a un viejecito unas almendras que el mismo tostaba. Las mejores que hemos probado nunca, pero eclipsadas por los bombones rellenos de frambuesa (o frambuesas cubiertas de chocolate, según se mire).
7.6.07
1668 Km/h
Algunos son los temas que me rondan para escribir, pero el desarrollo de los mismos se me hace complicado cuando las ideas son simples. Por ello escribo sobre algo que no he encontrado por internet (seguro que por no atinar con la búsqueda) pero que se antoja curioso, y que sólo se puede expresar en términos matemáticos.
De pequeño escuche que la tierra rotaba a una velocidad muy alta, así que le pregunté a un tío mío que es maestro porqué parece que la tierra gira lento (yo me fijaba en al velocidad de las nubes, única referencia palpable de que algo se mueve). El fue tajante: porque es muy grande. Yo cojí una piedra del suelo y simule una rotación completa, intentando asimilar porqué algo tan grande que se mueve tan rápido puede parecer lento. Y ahí me quedé.
Hoy he sentido la curiosidad de conocer a qué velocidad rota la tierra. Para ello he tirado de una regla de tres partiendo de los siguientes datos:
* El radio de la tierra en el ecuador es de 6378 Km
* La longitud de una circunferencia es 2*pi*radio
* Por tanto la circunferencia de la tierra es de 40053 Km
* Alguien en el ecuador (o en cualquier otro lado) tarda 24 horas en dar una vuelta completa a la tierra.
El resultado es que se tarda 24 horas en recorrer 40053Km, que por una simple regla de tres da 1668 Km/h.
Pero me he planteado que a lo mejor la cuenta de la vieja deja algo por el camino, así que me he entretenido en tirar de la wikipedia para hacer cálculos más formales:
* La velocidad angular es w=2*pi*frecuencia
* La frecuencia es la cantidad de vueltas por segundo
* La velocidad lineal v=radio*w
En resumen:
v=6378 * 2* 3.14 * 1/(24*60*60)= 0.463586 Km/s
O lo que es lo mismo 1668.9 Km/h
Así que se corrobora que cuando estoy tirado en mi sofá o durmiendo me recorro en una hora más distancia que la que va de Finisterre al Cabo de Gata.
De pequeño escuche que la tierra rotaba a una velocidad muy alta, así que le pregunté a un tío mío que es maestro porqué parece que la tierra gira lento (yo me fijaba en al velocidad de las nubes, única referencia palpable de que algo se mueve). El fue tajante: porque es muy grande. Yo cojí una piedra del suelo y simule una rotación completa, intentando asimilar porqué algo tan grande que se mueve tan rápido puede parecer lento. Y ahí me quedé.
Hoy he sentido la curiosidad de conocer a qué velocidad rota la tierra. Para ello he tirado de una regla de tres partiendo de los siguientes datos:
* El radio de la tierra en el ecuador es de 6378 Km
* La longitud de una circunferencia es 2*pi*radio
* Por tanto la circunferencia de la tierra es de 40053 Km
* Alguien en el ecuador (o en cualquier otro lado) tarda 24 horas en dar una vuelta completa a la tierra.
El resultado es que se tarda 24 horas en recorrer 40053Km, que por una simple regla de tres da 1668 Km/h.
Pero me he planteado que a lo mejor la cuenta de la vieja deja algo por el camino, así que me he entretenido en tirar de la wikipedia para hacer cálculos más formales:
* La velocidad angular es w=2*pi*frecuencia
* La frecuencia es la cantidad de vueltas por segundo
* La velocidad lineal v=radio*w
En resumen:
v=6378 * 2* 3.14 * 1/(24*60*60)= 0.463586 Km/s
O lo que es lo mismo 1668.9 Km/h
Así que se corrobora que cuando estoy tirado en mi sofá o durmiendo me recorro en una hora más distancia que la que va de Finisterre al Cabo de Gata.
15.1.07
Imprecisión alemana
En algún momento de la historia los alemanes se aprendieron bien eso de "cría fama y échate a dormir", pues el tópico nos dice que son serios en el trabajo, eficientes y productivos.
Hace unos años empecé a sospechar que el tópico podía estar equivocado (realmente todos los estereotipos son erróneos ante casos individuales) pues participando en un proyecto financiado por la unión europea descubrí que su idea del trabajo transnacional era hacer múltiples visitas culturales (el jamón y el vino son cultura). Al ir a visitarles comprobé que el "trabajo de campo" lo hacían unos pobres becarios y al final del proyecto (esto hay que reconocerlo) se curraban unos informes magníficos que, salvo mencionar las rutas gastronómicas, mostraban la ingente cantidad de trabajo realizado (unos auténticos tratados de medias verdades).
En este último viaje he confirmado que realmente el tópico se debió construir hace mucho tiempo... y se perdió en la noche de los tiempos.
Tuvimos la desgracia de pasar por el aeropuerto de Frankfurt (espero no tener que repetir) y necesitar tarjeta de embarque para la conexión de vuelos. Intentamos seguir los carteles indicadores, no sin cierta dificultad pues éstos se perdían. Finalmente llegamos a un mostrador de transferencia de vuelos, pero no había nadie (realmente había muchísimos mostradores vacíos, y era media mañana ¿estarían todos desayunando?).
Al no encontrar a nadie a quién preguntar (los únicos trabajadores que había por allí eran las limpiadoras y los que van a bici a toda leche) optamos por usar un punto de información con teléfono y pantalla táctil. Como la pantalla no funcionaba usamos el teléfono, y una operadora nos dijo que nos pasaba con nuestra compañía... y ahí se quedo la cosa, en el pase.
Dando vueltas, tras pasar control de pasaportes y subir y bajar varias plantas, pudimos encontrar a algunas personas a las que preguntar, y que con muy mal careto nos dieron largas. Finalmente encontramos el mostrador y sacamos las tarjetas de embarque.
Con tanta vuelta nos entró sed, y compramos agua. Agua qeu seguramente tendrá propiedades milagrosas y estará bendecida por el Papa de Roma, pues de otra forma no me explico cómo una botella de 30 cl puede costar tres euros (botella que, por cierto, nos hicieron tirar para pasar el enésimo control de seguridad, a pesar de haberla comprado en el aeropuerto).
Pero todo esto no pasaría de lo anecdótico si no fuera porque el 100% de las veces que hemos pasado por este aeropuerto (cuatro veces en total) nos han extraviado las maletas, que quizás las enviaban en tren, pues siempre han llegaod un día después de nosotros (en esta ocasión han quedado extraviadas tanto a la ida como a la vuelta).
Eso sí, vimos porqué el tópico se sigue manteniendo, pues el pasillo para cambiar de terminales (el típico pasillo largo de aeropuerto) tenía ruidos de naturaleza y luces de colores que iban cambiando, todo muy artístico y muy propio para alguna inauguración con bombo y platillo.
Hace unos años empecé a sospechar que el tópico podía estar equivocado (realmente todos los estereotipos son erróneos ante casos individuales) pues participando en un proyecto financiado por la unión europea descubrí que su idea del trabajo transnacional era hacer múltiples visitas culturales (el jamón y el vino son cultura). Al ir a visitarles comprobé que el "trabajo de campo" lo hacían unos pobres becarios y al final del proyecto (esto hay que reconocerlo) se curraban unos informes magníficos que, salvo mencionar las rutas gastronómicas, mostraban la ingente cantidad de trabajo realizado (unos auténticos tratados de medias verdades).
En este último viaje he confirmado que realmente el tópico se debió construir hace mucho tiempo... y se perdió en la noche de los tiempos.
Tuvimos la desgracia de pasar por el aeropuerto de Frankfurt (espero no tener que repetir) y necesitar tarjeta de embarque para la conexión de vuelos. Intentamos seguir los carteles indicadores, no sin cierta dificultad pues éstos se perdían. Finalmente llegamos a un mostrador de transferencia de vuelos, pero no había nadie (realmente había muchísimos mostradores vacíos, y era media mañana ¿estarían todos desayunando?).
Al no encontrar a nadie a quién preguntar (los únicos trabajadores que había por allí eran las limpiadoras y los que van a bici a toda leche) optamos por usar un punto de información con teléfono y pantalla táctil. Como la pantalla no funcionaba usamos el teléfono, y una operadora nos dijo que nos pasaba con nuestra compañía... y ahí se quedo la cosa, en el pase.
Dando vueltas, tras pasar control de pasaportes y subir y bajar varias plantas, pudimos encontrar a algunas personas a las que preguntar, y que con muy mal careto nos dieron largas. Finalmente encontramos el mostrador y sacamos las tarjetas de embarque.
Con tanta vuelta nos entró sed, y compramos agua. Agua qeu seguramente tendrá propiedades milagrosas y estará bendecida por el Papa de Roma, pues de otra forma no me explico cómo una botella de 30 cl puede costar tres euros (botella que, por cierto, nos hicieron tirar para pasar el enésimo control de seguridad, a pesar de haberla comprado en el aeropuerto).
Pero todo esto no pasaría de lo anecdótico si no fuera porque el 100% de las veces que hemos pasado por este aeropuerto (cuatro veces en total) nos han extraviado las maletas, que quizás las enviaban en tren, pues siempre han llegaod un día después de nosotros (en esta ocasión han quedado extraviadas tanto a la ida como a la vuelta).
Eso sí, vimos porqué el tópico se sigue manteniendo, pues el pasillo para cambiar de terminales (el típico pasillo largo de aeropuerto) tenía ruidos de naturaleza y luces de colores que iban cambiando, todo muy artístico y muy propio para alguna inauguración con bombo y platillo.
6.11.06
Kenia y Seychelles - Hoteles (II)
Si hay un sitio donde merezca ir aunque sólo sea por visitar los hoteles es a Seychelles.
Realmente serían innumerables las razones para quedarse en Seychelles, como el hecho de ir en bermudas todo el año, pero como es de hoteles de lo que quiero hablar pues a ello me restrinjo.
En la gencia de viajes estuvimos barajando la posibilidad de alojarnos en algún hotel de los buenos, pero el presupuesto se nos disparaba, así que nos quedamos con el que estaba incluido en el paquete, pues tampoco pintaba mal.
Cuando llegamos al hotel pudimos comprobar que no nos habíamos equivocado. Nada más entrar comprobamos que el hotel, como muchos sitios públicos de por allí, era totalmente abierto, sin puertas de entrada o salida, lo que permitía ver el mar desde la recepción.

El hotel era el Meridien Barbarons y su categoría vendría a ser un cuatro estrellas bastante apañado.
Tenía un restaurante a la carta, uno de buffet y una cafetería donde ponían unos sandwiches de vicio las 24 horas del día.
El servicio absolutamente impecable, con una amabilidad que aparentaba ser muy sincera (no sé si lo sería, pero si era mentira lo hacían muy bien).
Para empezar nada de hacer el check-in de pie en la recepción. En primer lugar te sentabas en un sofá y te invitaban a una bebida. Allí hacías todos los trámites hasta que entregaban la llave de la habitación. Era de agradecer que no aceptasen propinas en ningún sitio, sobre todo tras la experiencia de Kenia.
Eso sí, por ley en los hoteles no se puede pagar con moneda local, sólo euros o dólares, lo que para los turistas es incluso mejor.
La habitación era un loft muy bien cuidado, con la cabina de ducha transparente desde la que se podía ver la tele.

El emplazamiento del hotel era magnífico, pues nada más levantarse por la mañana uno se podía pegar un baño en el mar (temperatura constante del agua de más de veinte grados).
La pega es que hacían falta muchos días para degustar la comida que allí servían, pues además de ser de buna calidad era imagintiva y muy variada. En el buffet había al menos cinco cocineros, cada uno con su sección y algunos con ayudante. Cada día se ofrecía una centa temática (oriental, local, italiana...) y cada cocinero debía preparar los platos de su sección acorde con el tema. ASí por un lado estaba el cocinero de las ensaladas, por otro el que cocinaba en plan Wok delante tuyo, por otro el de las carnes y asados, por otro el de los entrantes y sopas y por último el de los postres. La verdad es que no se daba abasto.
Lo realmente impresionante es que este hotel no es una excepción, sino que en el tour de Mahé (la isla principal) se incluyen visitas a varios hoteles.
PD: Sí, sí, estuvimos informándonos sobre el papeleo para emigrar a Seychelles. El papel más importante a presentar son billetes de muchos euros.
Realmente serían innumerables las razones para quedarse en Seychelles, como el hecho de ir en bermudas todo el año, pero como es de hoteles de lo que quiero hablar pues a ello me restrinjo.
En la gencia de viajes estuvimos barajando la posibilidad de alojarnos en algún hotel de los buenos, pero el presupuesto se nos disparaba, así que nos quedamos con el que estaba incluido en el paquete, pues tampoco pintaba mal.
Cuando llegamos al hotel pudimos comprobar que no nos habíamos equivocado. Nada más entrar comprobamos que el hotel, como muchos sitios públicos de por allí, era totalmente abierto, sin puertas de entrada o salida, lo que permitía ver el mar desde la recepción.

El hotel era el Meridien Barbarons y su categoría vendría a ser un cuatro estrellas bastante apañado.
Tenía un restaurante a la carta, uno de buffet y una cafetería donde ponían unos sandwiches de vicio las 24 horas del día.
El servicio absolutamente impecable, con una amabilidad que aparentaba ser muy sincera (no sé si lo sería, pero si era mentira lo hacían muy bien).
Para empezar nada de hacer el check-in de pie en la recepción. En primer lugar te sentabas en un sofá y te invitaban a una bebida. Allí hacías todos los trámites hasta que entregaban la llave de la habitación. Era de agradecer que no aceptasen propinas en ningún sitio, sobre todo tras la experiencia de Kenia.
Eso sí, por ley en los hoteles no se puede pagar con moneda local, sólo euros o dólares, lo que para los turistas es incluso mejor.
La habitación era un loft muy bien cuidado, con la cabina de ducha transparente desde la que se podía ver la tele.

El emplazamiento del hotel era magnífico, pues nada más levantarse por la mañana uno se podía pegar un baño en el mar (temperatura constante del agua de más de veinte grados).
La pega es que hacían falta muchos días para degustar la comida que allí servían, pues además de ser de buna calidad era imagintiva y muy variada. En el buffet había al menos cinco cocineros, cada uno con su sección y algunos con ayudante. Cada día se ofrecía una centa temática (oriental, local, italiana...) y cada cocinero debía preparar los platos de su sección acorde con el tema. ASí por un lado estaba el cocinero de las ensaladas, por otro el que cocinaba en plan Wok delante tuyo, por otro el de las carnes y asados, por otro el de los entrantes y sopas y por último el de los postres. La verdad es que no se daba abasto.
Lo realmente impresionante es que este hotel no es una excepción, sino que en el tour de Mahé (la isla principal) se incluyen visitas a varios hoteles.
PD: Sí, sí, estuvimos informándonos sobre el papeleo para emigrar a Seychelles. El papel más importante a presentar son billetes de muchos euros.
18.9.06
Kenia y Seychelles - Hoteles (I)
Salvo en la capital en Kenia los hoteles, tal y como los entendemos por aquí, no parecen muy recomendables, pues eran pensiones hiper-cutres que se anunciaban a los lados de la carretera.
Sin embargo dentro de los parques nacionales existen lo que se da en llamar "lodges", que no son ni más ni menos que hoteles con bungalows de lo que vendrían a ser cuatro estrellas. La verdad es que están muy bien montados, y el servicio es bastante bueno y abundante (hay recoge maletas para aburrir).
El primer "lodge" estaba perdido en medio del parque de Samburu. El alojamiento se hacía en unas casas de madera con cuatro habitaciones muy grandes desde las que se accedía por fuera (tipo apartamento).
El hotel estaba junto a un río y tenía una bonita piscina alrededor de la cual jugaban los monos (había un masai que los manteía a ralla para que no dieran mucho la lata). También tenían como atracción una zona del río en la que alimentaban a un cocodrilo que lucía una buena barriga.
La recepción al hotel nos pareció muy adecuada, y lueog comprobamos que era lo habitual: nada más bajar del 4x4 te ofrecía un vaso de zumo y una toallita húmeda (de tela) para que te limpiaras un poco el polvo del camino. Además los trámites de check-in nunca fueron demasiado largos, lo que era de agradecer tras los kilómetros por esas carreteras.
Las habitaciones tenían una pinta muy rústica, con su mosquitera y todo. La verdad es que no tenían nada que envidiar a las de cualquier hotel de por aquí.
Eso sí, imprescindible un adaptador para los enchufes (allí son de tres tomas planas).
La particularidad principal, que quizás les convertía en lodges y no en hoteles, era que había ciertas horas del día (y la noche) en las que cortaban el agua caliente y la luz. Esas horas las hacían coincidir con las salidas a los safaris, así que no presentaba mayor problema (salvo una noche que tuve que mear de oido).

La siguiente noche la pasamos en Aberdares, en una especie de hotel en medio de la selva. El entorno no ofrecía mucho más que el paisaje selvático, pero el alojamiento tenía mucho encanto pues tuvimos que dejar en consigna (en lo que llamaban "hotel base") las maletas para llevar lo imprescindible para pasar la noche. Esto era debido a que el hotel estaba prácticamente construido sobre los árboles y las habitaciones era muy pequeñas (aunque todas con baño). Salvo grifos y ventanas todo estaba hecho de madera, y uno se sentía como en un barco.
La gracia del sitio estaba en que tenía una enorme terraza que daba a un lago donde los animales iban a comer y beber. Debajo de esta terraza había un salón acristalado donde se podía tomar un té calentito (hacía un frío de narices) mientras veías a los animales.
La lástimas es que no había mucha variedad de bichos, lo que hacía que aquello perdiera encanto.

La siguiente parada y fonda la hicimos dentro del parque del lago Nakuru. Este lodge era el que tenía más pinta de hotel, pues la construcción era de ladrillo y piedra en lugar de ser de madera. Los bungalows eran bastante nuevos y la vista del lago (a lo lejos) muy maja.
Antes de la cena (a las siete) nos brindaron un espectáculo de "coros y danzas populares": mucho meneíllo de caderas y mucha percusión. Dentro de lo que es un espectáculo para turístas estuvo bien, sobre todo porque duró media hora escasa.
La cena fue de una calidad aceptable, lo que se espera en un hotel de cuatro estrellas (en Samburu fue por el estilo). Un buffet variado, con cocina internacional y algo de cocina hindú (el riesgo con el picante nos persiguió durante todo el viaje), además de un cocinero que preparaba cosas a la parrilla.
A destacar el zumo de mango, del que dábamos buena cuenta en los desayunos.
La única pega del hotel de Nakuru fueron las ranas. Había una fuente cerca del restaurante en la que croaban las ranas a todo meter. Si a eso sumamos que un cantautor local amenizaba la velada con su guitarra el dolor de tarro estaba asegurado.
Sin embargo dentro de los parques nacionales existen lo que se da en llamar "lodges", que no son ni más ni menos que hoteles con bungalows de lo que vendrían a ser cuatro estrellas. La verdad es que están muy bien montados, y el servicio es bastante bueno y abundante (hay recoge maletas para aburrir).
El primer "lodge" estaba perdido en medio del parque de Samburu. El alojamiento se hacía en unas casas de madera con cuatro habitaciones muy grandes desde las que se accedía por fuera (tipo apartamento).
El hotel estaba junto a un río y tenía una bonita piscina alrededor de la cual jugaban los monos (había un masai que los manteía a ralla para que no dieran mucho la lata). También tenían como atracción una zona del río en la que alimentaban a un cocodrilo que lucía una buena barriga.
La recepción al hotel nos pareció muy adecuada, y lueog comprobamos que era lo habitual: nada más bajar del 4x4 te ofrecía un vaso de zumo y una toallita húmeda (de tela) para que te limpiaras un poco el polvo del camino. Además los trámites de check-in nunca fueron demasiado largos, lo que era de agradecer tras los kilómetros por esas carreteras.
Las habitaciones tenían una pinta muy rústica, con su mosquitera y todo. La verdad es que no tenían nada que envidiar a las de cualquier hotel de por aquí.
Eso sí, imprescindible un adaptador para los enchufes (allí son de tres tomas planas).
La particularidad principal, que quizás les convertía en lodges y no en hoteles, era que había ciertas horas del día (y la noche) en las que cortaban el agua caliente y la luz. Esas horas las hacían coincidir con las salidas a los safaris, así que no presentaba mayor problema (salvo una noche que tuve que mear de oido).

La siguiente noche la pasamos en Aberdares, en una especie de hotel en medio de la selva. El entorno no ofrecía mucho más que el paisaje selvático, pero el alojamiento tenía mucho encanto pues tuvimos que dejar en consigna (en lo que llamaban "hotel base") las maletas para llevar lo imprescindible para pasar la noche. Esto era debido a que el hotel estaba prácticamente construido sobre los árboles y las habitaciones era muy pequeñas (aunque todas con baño). Salvo grifos y ventanas todo estaba hecho de madera, y uno se sentía como en un barco.
La gracia del sitio estaba en que tenía una enorme terraza que daba a un lago donde los animales iban a comer y beber. Debajo de esta terraza había un salón acristalado donde se podía tomar un té calentito (hacía un frío de narices) mientras veías a los animales.
La lástimas es que no había mucha variedad de bichos, lo que hacía que aquello perdiera encanto.

La siguiente parada y fonda la hicimos dentro del parque del lago Nakuru. Este lodge era el que tenía más pinta de hotel, pues la construcción era de ladrillo y piedra en lugar de ser de madera. Los bungalows eran bastante nuevos y la vista del lago (a lo lejos) muy maja.
Antes de la cena (a las siete) nos brindaron un espectáculo de "coros y danzas populares": mucho meneíllo de caderas y mucha percusión. Dentro de lo que es un espectáculo para turístas estuvo bien, sobre todo porque duró media hora escasa.
La cena fue de una calidad aceptable, lo que se espera en un hotel de cuatro estrellas (en Samburu fue por el estilo). Un buffet variado, con cocina internacional y algo de cocina hindú (el riesgo con el picante nos persiguió durante todo el viaje), además de un cocinero que preparaba cosas a la parrilla.
A destacar el zumo de mango, del que dábamos buena cuenta en los desayunos.
La única pega del hotel de Nakuru fueron las ranas. Había una fuente cerca del restaurante en la que croaban las ranas a todo meter. Si a eso sumamos que un cantautor local amenizaba la velada con su guitarra el dolor de tarro estaba asegurado.
1.11.04
La mística del jamón
Tras los treinta y tantos años que me han ido curtiendo la búsqueda del misticismo ha pasado a un plano absolutamente secundario, buscando la felicidad en placeres más mundanos.
Pero hay un templo en el que ni yo ni mi mujer (de condiciones místicas similares a la mía) podemos negarnos a participar del ritual poniendo toda nuestra devoción en ello: es el "Típico andaluz", tasca ubicada en Estepona y dedicada al deleite del paladar con sus exquisitos jamones.
No importan las esperas, el ruido, la dureza de las sillas, el rito empieza viendo cómo del cuchillo jamonero van saliendo finas lonchas que luego, una vez en el paladar, provocan la detención de los relojes, sonidos o cualquier distracción general, quedando todos los sentidos al servicio de la degustación de semejante exquisitez.
No soy un entendido, pero sé que independientemente de la variedad (serrano, de bellota, de recebo, dulce...) absolutamente todos los jamones provocan experiencias místicas que hacen que uno dude por unos segundos de su incipiente ateismo.
Pero hay un templo en el que ni yo ni mi mujer (de condiciones místicas similares a la mía) podemos negarnos a participar del ritual poniendo toda nuestra devoción en ello: es el "Típico andaluz", tasca ubicada en Estepona y dedicada al deleite del paladar con sus exquisitos jamones.
No importan las esperas, el ruido, la dureza de las sillas, el rito empieza viendo cómo del cuchillo jamonero van saliendo finas lonchas que luego, una vez en el paladar, provocan la detención de los relojes, sonidos o cualquier distracción general, quedando todos los sentidos al servicio de la degustación de semejante exquisitez.
No soy un entendido, pero sé que independientemente de la variedad (serrano, de bellota, de recebo, dulce...) absolutamente todos los jamones provocan experiencias místicas que hacen que uno dude por unos segundos de su incipiente ateismo.
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