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15.2.08

El secreto del éxito

Mucho se escribe por la blogosfera sobre el secreto para tener un blog de éxito. Lo más recomendado es que el blog se actualice con frecuencia y que el autor participe comentando otros blogs.

No es que este blog tenga gran popularidad, no tampoco vocación de que así sea, pero sí que se va produciendo un indicio de cuál es el secreto real del éxito: la polémica.

La entrada sobre Carlos Alsina la escribí como modesto homenaje a alguien que me informa y entretiene (lo escucho casi con el mismo ánimo que cuando veía Barrio Sésamo), sin embargo alguien hizo un comentario cañero, y la gente entró al trapo. A día de hoy siguen llegando comentarios, lo que me parece muy bien, aunque me sorprende, pues de alguna forma este blog se puede localizar.

Así que si alguien quiere ser popular nada mejor que generar polémica, pues ciertamente las propuestas reflexivas o, simplemente, equilibradas, son un coñazo.

Eso sí, aún falta que se invente algún sistema de comentarios para que salgan unos mezclados con otros, todo revuelto, como esos supuestos debates que hay por las tardes en la tele.

31.10.07

Probabilidad aparente

La toma de decisiones que nos pintan en las películas de espionaje, o la que supuestamente se hace en los consejos de administración de las grandes empresas, responden a una sucesión de hechos probables que permiten adelantarse a los acontecimientos.

Sin embargo en la realidad de andar por casa nuestras decisiones son mucho más aleatorias, quizás intentan acertar con la secuencia de sucesos futuros, pero pocas veces están fundamentadas en razonamientos sólidos y altas probabilidades de lo que acontecerá.

Más bien al contrario nos dejamos guiar por lo que llamamos "intuición" o simplemente "impulso" (lo del desconocido que regalaba flores), haciendo más un acto de fe que un razonamiento lógico (seguro que al desconocido le cayó alguna bofetada, eso si la chica no era la mujer de algún mafioso). Y esto sucede porque muchas veces las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen, sin embargo nuestro cerebro se resiste a aceptar la derrota y crea ilusiones probabilísticas para el éxito de nuestros actos.

Es lo que he dado en llamar "probabilidad aparente". Una probabilidad igual a cero pero que, en comparación con una situación peor, parece mayor que cero.

Por ejemplo, ¿cuál es la probabilidad de que si paseo por la calle me cruce con Scarlet Johanson? ¿y de que me cruce con Scarlet Johanson y Elsa Pataki? ¿y de que ambas al cruzarse conmigo no puedan resistir mi mirada y me pidan un hijo en ese mismo momento?

De momento parece que la cosa se complica, pero ¿cuál es la probabilidad de que eso suceda estando en mi casa viendo la tele? Evidentemente esta es cero, así que daré muchas vueltas por la calle para potenciar lo remoto de la probabilidad anterior (sé que en el fondo Scarlet y Elsa están deseando conocerme).

Pues se me antoja que hay muchas, demasiadas cosas que se basan en esta probabilidad aparente, y si no es así es que hay o muy mala leche o mucha torpeza repartida por el mundo.

25.10.07

Pasado de moda

A medida que pasan los años uno puede suponer que las cosas ya no son iguales que cuando vivía en su retoñez, sin embargo tan metidos estamos en nuestro mundo que no somos conscientes que el universo también se mueve.

Supongo que hay un momento en la vida en el que nos asomamos a la ventana y pensamos "esta juventud de hoy no tiene valores"... y no caemos en la cuenta que eso dijeron nuestros padres y abuelos cuando en lugar de ponernos un piercing en la nariz o el ombligo nos dejábamos crecer la melena (los chicos) o se ponían minifalda (las chicas).

Pero caer en la cuenta de que entramos en desfase horario con lo que realmente marca el reloj sólo sucede cuando los hechos cotidianos nos obligan a cambiar hábitos asumidos desde hace tiempo.

Y he aquí que un buen día me regalaron una camiseta, de esas de publicidad, y me la puse y la metí por la cintura. En ese momento caí en la cuenta que el logotipo de la empresa estaba oculto bajo mi pantalón, pues se ubicaba en la parte de abajo de la camiseta, así que pensé: "¡vaya chapuza de diseño publicitario!".

Consternado como estaba por el asunto al día siguiente me hice consciente que en la oficina son más las personas que llevan la camisa/camiseta por fuera del pantalón que las que lo llevan por dentro. Fui a jugar al baloncesto y constaté que yo era el único que tenía metida la camiseta por dentro... algo estraño sucedía.

Y es que fui educado en una época en la que los árbitros de baloncesto te podían pitar técnica si llevabas la camiseta por fuera, casi una época en la que el tiranosaurio rex correteaba alegremente por el mundo.

8.5.07

Efecto secundario

Hace un tiempo leí el libro "Sobre la inteligencia" en el que se plantea un esquema global de funcionamiento del cerebro humano. A medida que se avanzan en las páginas del libro se van dando explicaciones puramente biológicas a diversidad de comportamientos humanos, incluyendo la imaginación o la creatividad.

Llevo varios meses reflexionando sobre el tema, pues la línea argumental que sigue el libro es muy sólida, y sólo un experto supongo que podría refutar las teorías que allí se lanzan. Si asumimos una explicación biológica a la memoria, la imaginación, la creatividad, la lógica... sólo se puede llegar a una conclusión: el funcionamiento del cerebro no es más que una adaptación al medio proporcionada por la evolución.

Sin embargo esta evolución, en su conjunto, creo que ha genrado un efecto secundario un tanto extraño: la consciencia.

Esta teoría sería una explicación de porqué el mundo va como va, pues si el cerebro funcionara únicamente de forma lógica en el mundo no existirían los despropósitos que se ven. Sin embargo a pesar de la inteligencia, memoria y demás cualidades los humanos tendemos a complicarnos la existencia creando innecesarias teorías trascendentales que a la postre derivan en grandes catástrofes.

Es más, no es sólo que se inventen esas teorías, sino que se defienden a muerte y se justifica hasta el exterminio persiguiendo una superioridad similar a la que persigue cualquier otro ser vivo, con lo que al final lo que tenemos es un comportamiento biológico revestido de un barniz de autobombo.

Por tanto no queda más que concluir que al decir "soy" sólo se manifiesta un resultado anómalo de una máquina increible como es el cerebro.

23.1.07

El verdadero sentido de las palabras

Más que las palabras lo que complicado de escudriñar es el verdadero sentido de aquellas frases que tienen un sentido distinto al que aparentan. Y no me refiero a frases dichas con ironía o en un contexto particular, sino frases que invariablemente llevan a engaño.

Una que meha llevado bastante tiempo desvelar, o más bien una a la que me negaba a aceptar su sentido real, es "a ver si un día quedamos para tomar algo".

Cada vez que me la endosaban tenía la esperanza de seguir en contacto con mi interlocutor y poder volver a reunirme con él, pero los intentos de acercamiento siempre reciben inexorablemente una excusa por respuesta para concluir de nuevo en la sentencia "a ver si un día...".

Y es que el sentido real de la frase es: "Tu compañía no me resulta desagradable, pero mejor no nos volvemos a cruzar dos palabras".

Si por insistencia finalmente se consigue concertar una cita entra en juego la segunda parte de la frase: "...a tomar algo", pues resulta casi imposible concretar ese "algo". ¿Comida? ¿copa? ¿tapa?... y lo peor ¿en qué lugar?

El resultado es acabar la cita en breve espacio de tiempo con "un día de estos...".


La segunda frase con un significado distinto al aparente es muy socorrida para los SMS que se envían a los canales calenturientos de altas horas de la noche, así como en los foros de contactos en general: "...y lo que surja". Su uso habitual viene a ser "busco amistad y lo que surja" o "conocernos y lo que surja".

El sentido real es evidente: "si a los cinco minutos de conocernos no estamos follando busco a otra".

31.10.06

Nacionalidad

Estos días he estado en contacto con alguien que manifestaba su orgullo por haber nacido en el sitio en que nació, y por identificarse con todo lo que eso puede significar, incluso haciendo bandera de ello.

Desde entonces sigo dándole vueltas a qué significa ese sentimiento, porqué el hecho accidental del lugar en el que se nació es motivo de orgullo (no digo tampoco que tenga que ser motivo de vergüenza, pero se me antoja un hecho casual).

Quizás hace siglos había estirpes que pasaban generaciones en un mismo sitio, y que de ahí surgía inevitablmente un arraigo que hacía proclamar a los cuatro vientos esa frase tan andaluza de "como aquí no se vive en ninguna parte".

Sin embargo, pasado el neolítico, las familias y clanes se mueven, buscan nuevos sitios tanto por necesidad como por simple inquietud, y ahí surge mi duda del sentido de la nacionalidad.

La historia de mi familia, allí donde puedo conocer, se circunscribe al territorio español, pero de forma muy dispersa. Por ello a veces me pregunto en qué balcón me recibirían si fuera un famoso deportista y tuviera que saludar a mis paisanos: ¿el sitio dónde nací? ¿el sitio donde estudié? ¿el sitio donde trabajo? ¿el sitio donde veraneaba? ¿quizás Madrid por aquello que pilla más o menos en medio de todos los demás sitios?

No niego que tengo cierto arraigo cultural, que me identifico más con beber un gazpacho a una queimada, o con comer paella a comer risotto, pero por una cuestión de costumbre.

También a veces reconforta estar cerca de los amigos, de la familia, pero ¿otorga esa cercanía la nacionalidad?

Como suele ser habitual al final todo es más mundano. Supongo que el concepto de nacionalidad surgió por algo tan prosaico como la defensa de los bienes comunes: los vecinos se organizan para defender sus pertenencias y territorios comunes. Esta defensa se articula pagando un sueldo a unos soldados que se especializan en esa defensa (y si nadie ataca pues ya de paso que amplíen territorio, que para algo se les paga).

Extendiendo este concepto los vecinos también se organizan para conseguir bienes comunes que serían inalcanzables de forma individual (carreteras, sanidad, etc).

En definitiva, concluyo por tanto que la nacionalidad se alcanza pagando impuestos, y que los pasaportes deberían concederse no por el lugar de nacimiento sino por el lugar donde nos dejamos los cuartos. El resto de motivaciones sólo responden al mismo sentimiento que el del hincha de fútbol con pasión por sus colores.

El día que emigre a Nueva Zelanda volveré a tratar el tema, a ver si sigo pensando lo mismo. Mientras tanto seguiré compartiendo nacionalidad con el resto de ciudadanos del mundo.

16.10.06

La dictadura de las estadísticas

Antiguamente estaba claro que lo que les sucedía a los nobles y ricos terratenientes establecía las prioridades sobre las actuaciones sociales. Así si un noble tenía una enfermedad extraña todos los médicos investigaban esa enfermedad aunque fuera única, o si un señor feudal quería construirse un castillo no se miraba si la piedra pudiera ser más útil para las casas de los vasallos.

Afortunadamente los tiempos cambian, y ya no son unos intereses particulares los que marcan las tendencias, ahora los intereses los marcan las estadísticas.

La medicina es un claro exponente de este hecho, pues para las enfermedades más comunes hay muchos medios, y el que padezca una enferdad rara ya puede ir poniendo velas a los santos.

TAmbién estadísticamente se marcan las tendencias de lo que hay en televisión, de los productos de alimentación que uno se puede encontrar en el supermercado (cada vez que encuentro mi marca de cereales es todo un acontecimiento, se ve que mis desayunos son muy raros), de las carreteras que tienen mayor mantenimiento... y en última instancia de quién gobierna un país.

La política en sí misma no es más que un juego estadístico en el que las decisiones se toman en función de la repercusión que vaya a tener esa decisión en un resultado electoral. Dudo yo que algún político haya tomado alguna vez una decisión "antipopular" a conciencia, pues el objetivo del poderoso es perpetuarse en el poder.

Y todo esto estaría muy bien si no fuera porque el "comodín del público" falla más que una escopeta de feria, así que cuando nos pase algo malo siempre podremos tener el consuelo de los tontos: esperar que sea el mal de muchos.

9.10.06

Inventos para el futuro

A partir de los años cincuenta del siglo XX se desbordó la imaginación popular y empezaron a surgir masivamente historias de ciencia ficción, la mayor parte de las cuales miraban hacia el siglo XXI como fecha en la que se desarrollaba la acción.

Por tomar un ejemplo muy evidente ahí tenemos "2001: Una odisea del espacio".

Por supuesto que hay autores (sobre todo en la literatura) que iban más allá, caso de las fundaciones de Asimov (no se cortaba un pelo enviándonos miles de años para adelante) pero una tendencia habitual era imaginar una evolución más rápida de lo que realmente se ha dado.

Sin embargo en la segunda mitad de siglo los avances tecnológicos han sido enormes, mucho más veloces y de mayor impacto que en el resto de la historia de la humanidad. Me pregunto entonces ¿qué nos ha faltado para llegar al nivel que se imaginaban aquellos autores?

Fundamentalmente dos cosas: vencer la fuerza de la gravedad y el teletransporte.

Ambas, además, se antojan lejanas y difílmente realizables. Hay otros inventos que pueden estar más cerca, como la fusión fría (energía ilimitada para todos), pero no supondrían un cambio tan radical en el modo de vida que tenemos ahora mismo. Si hubiera fusión fría no pagaríamos factura de luz, pero seguiríamos utilizando bombillas. O no usaríamos gasolina, pero seguiríamos usando coches. Por supuesto que los medios de producción cambiarían, pero el mundo no sería tan distinto.

Sin embargo si se lograra vencer la fuerza de la gravedad de forma "portátil" (nada de cohetes o de vehículos a reacción) la estructura de las cuidades cambiaría, la colonización espacial sería posible, el mundo daría un vuelco radical.

Algo similar pasaría con el teletransporte, entendido como un medio instantáneo de transporte. El teléfono perdería el sentido, las carreteras, los aviones, los telepizzeros (pobres, todos al paro)...

Claro que seguro que si se inventaran tales ingenios ya se cuidarían las multinacionales de explotarlos a gran escala y no poner la tecnología al alcance de los particulares de forma barata, y es que no hay nada peor para no cambiar que no querer cambiar.

11.11.04

El efecto Gran Hermano

"Experimento sociológico", así es como Mercedes Milá calificó a aquella primera edición de "Gran Hermano" en España. No creo que nadie se lo tragara, pero todos hicimos como si efectivamente lo fuera y nos dispusimos a matar el rato con las paranoias de una muestra variopinta de fauna ibérica.

Sin entrar al trapo de juzgar lo que allí se mostraba, o de porqué se hacía, sí que desveló una de las grandes realidades de la psicología humana que siempre ha estado ahí pero que nadie se atrevió antes a exponer (no me pongo una medalla porque no soy ministro, que si no...).

Al entrar en cualquier sitio donde hay desconocidos con los que te tienes que relacionar uno siempre intenta ser educado y agradable. Lo mismo (multiplicado por mil) sucede en estos espectáculos televisivos, donde la efusividad de lo que sería un apretón de manos roza lo ridículo (en las últimas ediciones lo pornográfico).

A partir de aquí se platea una actitud de "buen rollito", motivada principalmente porque se intenta pensar que los demás son personas geniales, ese tipo de personas con las que siempre nos quisimos encontrar, así que también se intenta mostrar lo magníficos que somos (algunos intentan ocultar lo perros que son) y llega un momento que cuando la relación tiene que ser duradera (pongamos que de más de media hora) parece como si el grupo fuera a ser amigo para toda la vida.

En el primer "Gran Hermano" (pecador de mí que lo seguí de cabo a rabo) al par de días aquello era una oda al "buen rollito", que se fue transformando en una comuna y derivó en un putiferio.

Pero a la semana aquello empezó a oler a chamusquina, y con un par de días más la guerra se había desatado: no más disimulos, lo "mejorcito" de cada uno se puso de manifiesto.

Esto que sucedió (creer que los demás son geniales, y que nosotros vamos a ser muy "guays" como parte de ese grupo) es a lo que bautizo como "El efecto Gran Hermano".

Y es que "El efecto Gran Hermano" no hace más que poner de manifiesto que aunque nos gustaría ser unas personas geniales en realidad somos muy limitaditos, tanto que pensamos que los demás van a compensar nuestras limitaciones. Lo importante es ser consciente de ello para no acabar lleno de frustraciones (o tirándose los trastos a la cabeza en público como hicieron los sujetos experimentales de aquel presunto experimento sociológico).

He dicho.

3.11.04

¿Mayoría de tontos o de callados?

A vueltas estamos con las elecciones americanas, que por más que se diga lo contrario no puedo evitar la sensación de que me importan un pimiento.

Pero me planteo porqué cuando todo es tan evidente de que uno es muy muy malo y el otro no es ni malo ni bueno el malo sigue ganando. Y llego a dos conclusiones no excluyentes:
* La manipulación informativa a la que estamos sometidos nos hace pensar que somos poseedores de la verdad cuando vemos sólo una parte.
* La mayoría de los votantes son tontos del culo y no se dan cuenta que votan al malo (seguro que alguien afirma que al anticristo).

Tras meditarlo profundamente durante uno o dos milisegundos llego a otra conclusión y es que nadie sabe porqué los otros votan lo que votan, pueden ser tontos o no, pueden estar desinformados o no, pero lo que está claro es que al final gana el que recibe más votos, aunque sea de votantes que están callados.

28.10.04

La mano libre

 
Si el estrés es uno de los grandes males de la sociedad la teoría que ahora planteo ayudará a la mejora de la calidad de vida de un forma rotunda e indiscutible.

Y es que el estrés que se nos acumula no es el causado por el trabajo, o incluso por la familia, pues esos son los grandes estreses que luego liberamos con unas vacaciones (a veces forzosas, eso sí) o un rato de ocio.

El problemático es el estrés autoinflingido en las pequeñas cosas del día. Planteo la siguiente situación: uno llega a casa después de hacer la compra, preguntándose de qué material estará hecho el plástico de las bolsas que es capaz de soportar varios quintales de suministros, bolsas que además tienen el empeño de demostrarnos que ni el diseño ni el color de los dedos de nuestras manos son acordes para semejantes tareas.

En esas estamos cuando frente a la puerta del ascensor tenemos que pulsar el botón para llamarlo, momento en que se realizan toda clase de malabarismos a la par que demostraciones de lo hermosos que están nuestros biceps con tal de conseguir arañar el pulsador con el dedo pulgar.

Llega el ascensor y en otro ejercicio de contorsionismo abrimos la puerta con un dedo mientras la sujetamos con el pie, intentando escurrir nuestro cuerpo hacia adentro con mayor celeridad que la que imprime el peso de la puerta al cerrarse.

A continuación repetición del número del pulsador (máxime si hay que subir más allá de la segunda planta), apertura de la puerta con la espalda y momento de máxima dificultad: atinar con la llave en la cerradura.


Planteo a continuación otro caso: Se finaliza la comida y se empieza a recoger la vajilla, cargas al máximo (un plato en cada mano más la botella de agua en el sobaco, uno no da para más), luego se suelta la botella para a continuación abrir el cubo de basura e intentar tirar toda la porquería, que inevitablemente cae en el hueco entre la bolsa y el cubo, o rueda y rueda por la montaña de residuos que se acumulan.


Y como estos podemos encontrar muchos casos de estrés cotidiano que se solucionan aplicando una máxima: "Dejar siempre una mano libre". Es increible comprobar lo útil que es el uso de las dos manos cuando éstas actúan de forma cooperativa (una ayuda a la otra) y no competitiva (las dos realizando la misma tarea, a ver cuál es más chula).

La máxima "Dejar siempre una mano libre" tiene una excepción: el transporte puro y duro de material. En el momento que haya que realizar otro movimiento (abrir una puerta, pulsar un botón, tirar los restos de comida...) una de nuestras manos debe estar libre para comprobar, con la mayor de las sorpresas, lo sencillas que resultan estas tareas.

"Dejar siempre una mano libre" aumenta nuestro nivel de relax y confort, evita estrés cotidiano a la par que previene lesiones debidas a contorsionismos para los que estamos poco entrenados.

Eso sí, con la fuerza de la costumbre tenderemos a ocupar ambas manos por lo que nuestro principio deberá estar presente constantemente: "Dejar siempre una mano libre".


He dicho.