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26.10.08

XXX Carrera urbana

Aunque el protagonista del blog sigue siendo Ulises, hoy voy a hacer un hueco para uno de los actores secundarios, pues la ocasión merece la pena.

Como todos los años hoy se celebraba la XXX carrera urbana de El Corte Inglés, carrera en la que tradicionalmente participo, pero este año apunto estuvo de ser una excepción, pues tras el nacimiento de Ulises apenas he podido entrenar.

Sin embargo saqué algo de tiempo para un par de test, comprobando que sí podría aguantar los diez kilómetros, así que me animé a participar. Al final la cosa fue mucho mejor de lo esperado, pues terminé en 51 minutos.

Normalmente, tras la carrera, uno acaba bastante perjudicado, pero en esta ocasión tras la línea de meta me estaba esperando Ulises, así que tras secarme el sudor se me olvidó el cansancio y empezamos a jugar un poco. Luego vuelta a casa juntos (un buen paseo) y se ve que le traspasé el cansancio pues tras comer se durmió varias horas.

Cuando se ha despertado ha recibido la sorpresa de la visita de su abuela, que ha venido a comer con nosotros y que ahora está paseando al prota mientras este secundario narra sus día (comer y dormir).

14.5.08

Otro hito 1:50

Tras haberlo superado no me pareció tan difícil, pero creo que para pocas cosas me mentalicé tan bien como para correr la media maratón. Tal es así que jamás pensé que podrían hacer 21 kilómetros en menos de dos horas, pero el tiempo oficial fue de 01:50:43, a una media de 11'43 km/h (5:14 minutos por kilómetro)

Indudablemente influye la motivación, que hace que uno ni se plantee parar en ningún momento, o las ganas de terminar, que hace que uno vaya con cierta prudencia y mucho más relajado que en los entrenamientos, pero lo principal es el agua... agua a diestro y siniestro.

La XVIII media maratón de Málaga tuvo una organización estupenda, y cada cinco kilómetros ofrecía botellines de agua que empecé por beber a sorbos y acabé por ducharme con ellos.

El ambiente fue magnífico, sobre todo cuando el pelotón pasó bajo el puente de Juan XXIII, una zona donde habitualmente no pueden acceder los peatones.

A medida que la carrera avanzaba la gente empezaba a interactuar, nos animábamos o bromeábamos, sobre todo pasada la mitad del recorrido, cuando las neuronas ya están tocadas, pero las fuerzas aún duran.

Lo más duro fue el último kilómetro, pues tras ver alguna lipotimia alrededor se mostraba una cuestecita final ideal para unas piernas que llevan 20 km recorridos. Ahí bebí todo lo que pude, me duché literalmente, hice cambios de ritmo para animarme... por fortuna un kilómetro pasa rápido y el premio mereció la pena: entrar a un estadio de Carranque totalmente remozado, recorrer 400 metros sobre su pista de tartán (después de tanto asfalto se agradecía) y, finalmente, tirarse al cesped del campo de deportes bebiendo y comiendo lo que la organización tenía preparado (barritas energéticas y Gatorade que sabían a gloria).

De recuerdo un par de camisetas, para la estadística la posición 1412 de los 2114 que acabaron, y en mi categoría el 277 de 388. Y sobre todo ver que hay mucha gente a la que no sólo le gusta el deporte, sino que está en forma.

Ahora toca superar la pereza de proponerse nuevos retos, aunque mucho me temo que los deportivos van a tener que ser aplazados por otros más prioritarios.

8.1.08

Otro hito cumplido

Como los expertos dicen (bueno, realmente son los periodistas los que dicen que unos expertos dicen algo, pero a saber quiénes serán considerados expertos y qué dirán) los propósitos que nos hacemos cada año suele fracasar por poco factibles, con lo que uno tiende a marcarse objetivos que sea posibles.

Sin embargo me ha vuelto a pasar: a 7 de enero ya tengo cumplido el objetivo.

Para este año mi única proposición es la de completar la media maratón, teniendo como plazo hasta abril en la que se celebra una en la ciudad. Sin embargo ayer cumplí mis primeros 22 Km, aunque sólo parcialmente pues el tiempo de 2 horas y 23 minutos roza el fuera de control en una carrera oficial.

Lo cierto es que tras superar el hito a uno se le quitan las ganas de repetirlo, pues al llegar a casa no pude más que tenderme en el suelo unos minutos hasta recuperarme... y aún quedan secuelas.

Sea como sea espero que de aquí a abril pueda rebajar el tiempo y marcarme el nuevo hito, este ya para dentro de un par de años (por ahora es de los que los expertos tildarían de poco factibles): la maratón.

20.11.07

20 Km

Otro hito superado: 20 Km en 2h 20 minutos.
Las condiciones eran idóneas en cuanto a la hora (por la mañana) la temperatura (día soleado pero sin calor) y esos otros factores misteriosos.

Ahora queda pulir los 20 minutos e investigar cómo evitar la deshidratación a partir del décimo kilómetro (¿quizás bebiendo? es una opción a estudiar).

30.10.07

Sin distancia homologada

Para terminar con la serie de carreras populares (al menos hasta mediados de diciembre) este fin de semana participé en la que, con motivo de la feria del pueblo se celebró en Fuengirola.

En teoría eran 5 Km, aunque el anuncio por megafonía de "aproximadamente" hacían cuestionarse los tiempos. Así que mis 24 minutos no se pueden homologar a nada en el circuito de ida y vuelta por la calle del recinto ferial.

Como siempre el ambiente en estos eventos es bastante sano, aunque la esponsorización de la Cruzcampo siempre es curiosa, pues los menos experimentados se lanzaban a la cervecita nada más cruzar la línea de meta.

Bastante entretenidas fueron las carreras infantiles, sobre todo por ver la velocidad a la que marchaban los primeros.

Al menos constaté un record de pulsaciones por minuto, cifrándolo en 175, lo que está muy cerca de lo que en teoría es mi máximo (y eso lo hice sin que me atendieran las asistencias, que conste).

La próxima en Estepona, aunque ya con el fresquito de diciembre.

26.10.07

54:00 para 10 Km

Continuando con el registro de marcas, por más que sesa una lata, he de anotar el de la última carrera urbana de Málaga. Con 54 minutos empeoré con respecto al año pasado, pero ya voy viendo que mi cuerpo no da mucho de sí en cuanto a velocidad, así que habrá que intentar pruebas más largas.

Este año la nota destacada fue que me adelantaron dos niños gemelos, que no levantaban un metro del suelo, pero que estaban muy musculados y corrían casi tanto como las gemelas de hace dos años, gemelas que han aparecido en la prensa ya bastante creciditas.

Por lo demás la carrera fue tan divertida como siempre, con mucha gente fuera cual fuese el ritmo, aunque uno hecha de menos alguna cara familiar. Viendo las múltiples fotos que se han publicado en internet resulta que un compañero de trabajó también participó, pero por desgracia es el único con el que no me hablo, así que seguiré haciendo el recorrido en solitario.

Este fin de semana tocan los 5 Km de Fuengirola. El reto serán 25 minutos, algo bastante factible, pero a saber con qué metro miden la distancia del circuito.

23.10.07

26:40 ¿6Km?

En mi plan de llegar a la media maratón en marzo he incluido la participación en diversas carreras populares, que abundan en esta época. Aunque no sean distancias demasiado largas sí que ayudan a mantener la motivación para entrenar, pues aún sigo pensando que dos horas de carrera continua son una lata.

El pasado fin de semana le tocó a la carrera popular de Marbella, que se celebraba en un circuito alrededor del centrol comercial La Cañada.

Como suele suceder en estos eventos el ambientillo era muy agradable y sano, si bien en esta ocasión había poquísima gente y muchísimas categorías (los más pequeños empezaron a las 10 de la mañana y los más mayores a las 12).

Fue interesante participar en una carrera de no más de cincuenta personas (eso tirando por lo largo), pues a las primeras de cambio ya ocupaba yo una meritoria última posición. Sin embargo la cosa no duró mucho y el grupo se estiró y pronto pude meter distancia con el furgón de cola.

Lo interesante fue tener las referencias de los que van delante y las de los que van detrás (en la carrera de 10.000 personas no se sabe si adelantas o te adelantan), pues uno se va midiendo no solo con el pulsómetro, sino con el ritmo de los que le rodean.

Por cierto que tras algunos test había decidido correr entre 155 y 160 pulsaciones por minuto, pero pasados 500 metros el pulsómetro no bajaba de 700, así que mediada la carrera decidí quitármelo y tirar de sensaciones, que parece que funcionan mucho mejor.

Y así fue, pues el tiempo final se me antoja demasiado bueno (26:40 para 6Km). Los comentarios del resto de los corredores también iban en ese sentido, así que no podíamos más que dudar que el GPS con el que midieron el circuito no estaba del todo fino.

Como punto positivo digno de mencionar estuvieron las piezas de fruta cortada (narajas y manzanas) que nos ofrecieron a los corredores al terminar el evento (además de agua y CocaCola).

También tuvo gracia el speaker, que justo unos segundos antes de dar la salida soltó el micrófono para participar en la carrera (también tenía derecho el hombre).

Como punto negativo que la cabeza de la carrera la supervisara ¡un ciclomotor! El pobre ganador no hacía más que tragarse el humo que soltaba (yo me lo tragué durante los escasos instantes en que me dobló a mitad de carrera aproximadamente).

Tampoco estuvo muy afortunado el que escribió unos cartelitos para la mesa de la organización en los que decía venía a decir: "no me preguntes nada que no lo sé, ni me interesa saberlo".

Así que esperé unos minutos a que pusieran en la pared los resultados: ¡entre los diez primeros de mi categoría (en concreto el décimo)! No está nada mal, incluso cuando el número de participantes en esa categoría fue de 15 corredores.

8.3.07

Subida a la Maroma

Podría convertirse en una bonita tradición, el caso es que el pasado día de Andalucía volví a aprovechar mi soltería temporal para hacer otra caminata campestre (igual que el año pasado con la subida al Torrecilla). En esta ocasión la subida tendría que ser a una cota un poco más alta, aunque el pico estuviera en la provincia de Granada: La Maroma.

Los días anteriores preparé todo con mimo, planificando horarios y recorridos. Además en esta ocasión todo sería más fácil, pues el trayecto en coche es de una hora escasa (lo peor del senderismo es llegar en coche hasta el punto de partida) y la climatología era muy favorable (día caluroso, muy lejos de las nieves del año anterior).

A las nueve en punto llegué al punto de partida: La zona recreativa de El Alcázar, en el pueblo de Alcaucín.

Armado con mi mochila, bebida abundante y los filetes preparados esa misma mañana empecé a ascender por una pista forestal. En la hora y media que me llevó llegar hasta el siguiente hito no encontré a nadie, sólo el rumor del viento y el sonido de los pájaros. Lo cierto es que hasta la cima (varias horas después) no tuve contacto humano, lo que hizo aún más gratificante e intensa la caminata.

Al final del carril se levantaba la Cuesta de las Víboras, el tramo más duro del recorrido que sube una ladera haciendo zigzag (tuve que hacer un par de paraditas con barra de cereales incluida).

El siguiente tramo era un senderito que se hacía fácil, aunque picaba para arriba. Tras tres horas de camino llegué a una loma y ahí escuché las primeras palabras de todo el día, pues no pude reprimir un ¡guau! cuando apareció Sierra Nevada al fondo, un espectáculo soberbio, sobre todo después de no haber visto más que mis pies durante horas.


(las fotos son cutrecillas, pues no llevé la cámara y me tuve que apañar con el móvil)

A partir de ese momento el sendero desaparecía más que aparecía, teniendo que bordear algún pequeño barranco, cruzar entre montes, atravesar pequeños pinares, e incluso un esbozo de arroyo.

A medida que La Maroma se aproximaba la vegatación iba desapareciendo y las rocas calizas abundando. Se notaba que por allí las heladas debáin ser intensas pues las rocas estaban cortadas abruptamente, e incluso había zonas de arena. Incluso en un momento dado dos grandes peñascos se alzaron ante mí con unas formas que me recordaron al planeta Kripton.

El último tramo había que tomárselo con calma, una pendiente considerable llena de rocas, sin más vegetación que unas pequeñas flores rosa que tienen los cojones de salir en esas condiciones.

A las tres horas y 45 minutos coroné la La Maroma, presidida por úna columna con un cartel que indica que aquello es un punto geodésico, y que quién lo rompa lo paga (decía que estaba protegido por la ley y blablaba).

La cumbre es una meseta que permite pasear en todos los sentidos, divisándose tanto Sierra Nevada como Málaga y la Costa. En esa meseta había pequeños corrales que los montañeros hacen con piedras para resguardarse, pues a pesar de que el día era magnífico el viento soplaba bien fresco (no me quiero ni imaginar cómo es aquello cuando hiela).




Me comí el bocata, un par de plátanos, disfruté del paisaje, del paisanaje (árriba me encontré con gente que venían de distintas direcciones) y del compadreo que hay entre los camperos (me encanta que la gente salude con una sonrisa como diciendo: "estamos jodidos pero contentos".

La bajada fue rápida, un par de horas y media en las que agradecí múltiples veces a los que dejan montones de piedras para señalar el camino, pues perdí el sendero unas cuantas veces.

A medida que bajaba me iba encontrando con más gente, y en el tramo final ya ni les saludaba pues la élite de los camperos quedó arriba mientras la plebe de domingueros daban vueltas por el carril de abajo y por la zona de merenderos, que a esa hora estaba atestada de gente.

Al final la experiencia fue magnífica, sobre todo las horas de camino solitario bajo una temperatura excelente. Desde luego no fue tan intensa como la del Torrecilla, pero la ventaja es que las consecuencias tampoco fueron tan catastróficas.

24.10.06

Carrera urbana (y van dos)

Un par de días antes me hice el checklist, la noche anterior dejé todo preparado sobre la mesa, nada podía fallar.

Me levanté a la hora prevista e hice todos los preparatorios, y en el momento de salir fui a echar mano del pulsómetro y descubrí que a mí checklist le falta, al menos, un punto: Comprobar que el pulsómetro tiene pilas.

Ante lo inevitable de conseguir un pulsómetro el problema se transformó en conseguir un reloj, y no recordaba tener ninguno, así que todo dispuesto me llevé el móvil conmigo a la carrera.

El ambiente en el camino hacia la línea de salida volvía a ser magnífico, y además el día despertó magnífico en lo meteorológico. Un montón de personas con sus dorsales estaban dipuestas a pasar un rato de deporte. La línea de salida acumulaba mucha gente calentando, lo que es un agradable sensación para un deporte que suele ser tan solitario.

Por megafonía llamaron a salida y la gente se fue acumulando hasta que sonó un chupinazo que hizo que poco a poco la gente se fuera moviendo.

Este año el objetivo personal era bajar de 50 minutos, con lo que no pude disfrutar tanto de los participantes variopintos de cola de pelotón, sobre todo porque a lo largo del primer kilómetro mi atención se centraba en adelantar gente por los pocos huecos que había.

Dado que no tenía pulsómetro me iba guiando por mi propia respiración y las sensaciones en las piernas, pero hasta llegar al segundo kilómetro no pude constatar si el ritmo era bueno: lo clavé, diez minutos exactos para dos kilómetros. Eso hizo más liviano el trecho en que la calle picaba para arriba.

A esa altura adelanté a un hombre en silla de ruedas, que llevaba un ritmo envidiable.

Fui comprobando mis sensaciones, sufriendo las subidas y bajadas, pero disfrutando tanto de los compañeros de carrera como del público, que a medida que avanzaba la carrera se acumulaba a los lados de la calle y animaba con sus aplausos (aunque sean compartidos siempre se agradece un aplauso).

Alrededor del sexto kilómetro tuve una interesante experiencia erótica, pues finalizando una larga rampa adelanté a una chica que vestía de atleta (todo muy mini) y su respiración resoplaba más que la mía. Nos diferenciaba la cadencia, pues la mía llevaba el ritmo de las piernas con pausas de silencio, pero la suya era un jadeo constante. Fue estimulante a esas alturas tener un momento de relax, aunque las energías no dejaban levantar mucho la mirada para recrearse.

Los últimos dos kilómetros eran cuesta abajo, así que me permití acelerar el ritmo. Sin embaro el último kilómetro creo que ha sido el más largo de mi vida. Aunque había quién lo llevaba peor. A falta de dos kilómetros me adelantaron tres chicos, de los cuales dos tenáin indimentaria d eatletas y un tercero llevaba camiseta blanca y muchas mechas, el cuál no hacía más que preguntar: "¿falta mucho para la meta?". Yo seguí a mi ritmo y a falta de quinientos metros adelanté al mechas, que iba andando, con las manos en la cintura y diciendo: "¡qué dolor, qué dolor!".

Afronté la recta final sin gasolina, cosa que siempre pasa, pero las piernas funcionaron y llegué a la meta cumpliendo mi objetivo: 49 minutos.

Tras la línea de meta había varios puestos de espónsor que regalaban sus productos. Me bebí un té frío, un actimel y una botellita de agua. Intenté una nueva bebida con gas de Danone (o Nestlé, tampoco es que pudiera distinguir mucho), pero me resultó desagradable. El puesto que más éxito tenía era el de "Postres Montero", pues estaba justo después de la meta y regalaba natillas y mouse de chocolate, pero lo cierto es que en ese momento en lo que menos pensaba era en el chocolate (no sé cómo narices se pueden meter unas natillas tras una hora corriendo).

Y así acabó la experiencia por este año, de nuevo magnífica, así que ya he apuntado en mi agenda la cita para el año que viene.

20.10.06

Correr es fácil

Existe el tópico de que salir a correr es la forma más sencilla de hacer deporte pues apenas hacen falta medios.

No negaré que para darse una carrerita para que no se escape el autobús no hace falta mucho más que darse un pequeño sofocón, sin embargo los kilómetros que voy acumulando me van desvelando que para la carrera continua hay que tener en cuenta muchas más cosas de las que se podría pensar.

Dado que este domingo tengo la cita anual con la carrera popular creo que es el momento de recopilar todas las cosas que debe tener en cuenta, pues sufrir las consecuencias de obviarla puede llegar a ser sumamente desagradable.

Por un lado el calentamiento, que eso lo sabemos todos, pero lo que no nos cuentan es que el calentamiento acaba cuando se está sudando de verdad. Meto en el saco del calentamiento los estiramientos de todos los músculos de la pierna.

La indumentaria. En primer lugar es imprescindible no estrenar nada de ropa en una carrera larga, pues hay que certificar que ninguna prenda hace rozaduras. La camiseta puede dejar desollados los pezones, los pantalones si son muy cortos puede dejar rozaduras en la entrepierna.

La ropa tampoco puede estar muy usada, pues un pequeño agujero en los calcetines puede ser demoledor.

Las zapatillas tienen que estar bien adaptadas, sobre todo que no haya costuras que hagan rozaduras.

También es importante la higiene. Hay que ducharse unas horas antes (la noche antes vale), pues una cabeza sin lavar puede acabar picando un montón cuando se acumula el sudor. Eso por no hablar del pestazo que puede acabar espantando a las moscas.

Dentro de la higiene también hay que cuidarse las uñas. Las de los pies cortitas y limadas, que las puñeteras aprovechan cualquier arista para agujerear los dedos (con el consiguiente espectáculo gore cuando los calcetines acaban ensangrentados).

La alimentación con cuidado. Evidentemente hay que tener reservas de energía, pero no hay que probar bocado en las tres horas anteriores, pues se corre el riesgo de echarlo en medio de la carrera.

Hay que beber, pero no en la media hora anterior, pues el líquido puede empezar a botar en el estómago de mala manera. Lo ideal es hidratarse bien unas horas antes, luego mear todo lo meable, y finalmente beber muy moderadamente par aevitar deshidratarse.

Hay que ir al baño una o dos horas antes de la carrera a hacer mayores, pues con los kilómetros las tripas se van soltando, y no sería la primera vez que me he pasado la meta en el sprint final para llegar al primer retrete (contato que la carrera continua es un laxante impresionante).


Ya me podrían haber contado todas estas cosas y no haber tenido que padecer las consecuencias de mi desconocimiento.

13.1.06

10x50 ¿Y ahora qué?

Este año me propuse un reto que se me antojaba complicado, aunque sólo sea para romper la tradición.

Después del anónimo record de 55 minutos me propuse llegar en el 2006 a los 50 minutos para 10 kilómetros, tarea harto complicada máxime tras comprobar el estado en el que terminé hace unos días con los 53 minutos.

Sin embargo ayer tuve el día tonto, buen ritmo sobre la cinta del gimnasio, y para los últimos minutos me pusieron a toda pastilla el "Hung up" de Madonna que me pone a tope (no sé muy bien porqué pues no soy fan de Madonna), obteniendo como resultado la marca propuesta para este año.

Total que a 11 de enero ya he cumplido el objetivo, ¿y ahora qué?

Me niego a intentar superarlo o marcarme un 45 como objetivo, pues uno hace deporte para pasar un rato agradable, y estas marcas la verdad es que serán muy bonitas para recordalas, pero conseguirlas no es que sea del todo placentero.

17.10.05

Los anónimos 54:30

Una de las ventajas de tener un blog es poder contar aquellas cosas que a nadie interesan y poder dar mérito a lo que no lo tiene, como por ejemplo correr diez kilómetros en 54 minutos y 30 segundos.

Ayer se celebró una carrera popular a la que desde hace años miraba con deseo, siempre quise apuntarme pero nunca tuve la confianza suficiente como para hacerlo. Ahora que ya ni peino canas (directamente no me peino) me ha dado por hacer kilómetros, los suficientes como para apuntarme en la carrera.

Para mí ha sido algo especial, aunque mi dorsal fuera el quinientos y pico de los más de trece mil que por allí había, pero el ambiente merecía la pena.

Mereció la pena ver al padre que corría con el carrito con su hijo (el padre tenía pinta de atleta e iba más o menos a mi ritmo), a un perro con su dorsal y todo, a algún voluntarioso en silla de ruedas, a muchos y muchas adolescentes haciendo carreritas (sólo en el primer kilómetro, luego ya no había gasolina).

Lo mejor fue verse adelantado allá por el sexto o séptimo kilómetro por dos gemelas de unos ocho o nueve años que corría absolutamente al unísono. Lo primero que pensé es que seguro que dentro de unos años al menos una de ellas sería profesional del tema, pues el estilo y el ritmo que llevaban no se parecía en nada al trote cochinero que llevábamos la mayoría.

Fue divertido ir en pelotón todo el rato, cosa inevitable con tanta gente. Adelantarles en las subidas y ser adelantado en las bajadas para al final quedar más o menos por en medio. Dentro de algún tiempo conoceré mi anecdótica posición (quizás el cinco mil, o el seis mil) pero yo tengo suficiente con la experiencia de mi modesta marca, con cruzar una línea de meta con un dorsal y con el dolor de piernas que me duró todo el día.

Sé que no tiene mérito, sé que no le importa a nadie, pero para eso está el blog.

29.10.04

El deporte perjudica la salud

Después de salir de un catarro (más bien en el eteeeerno proceso de salida que dura un número incontable de semanas) ayer tuve la ocasión de remotar mi actividad deportiva.

Hay que reconocer los beneficios innegables de una actividad deportiva sosegada (como la avidez con la que se devora la comida ese día, sin ningún cargo de conciencia por ponernos ciegos), sin embargo las actividades grupales tienden a una competitividad que lleva a un empeoramiento notable de nuestra salud.

Llegué feliz al campo de cesped artificial luciendo mi indumentaria de portero (todo orgulloso lucía yo mis guantes de estreno de 8 euros en el Carrefur), cuando el colega que me llamó me dijo: "Ya tenemos portero, así que hoy juegas"... ¡Horror! ¡Espanto! hora y media de futbol siete corriendo (es un decir) la banda izquierda, a la vez que soportando la presión de los compañeros gritando: ¡Hay que bajar a defender! ¡Llega a ese balón! ¡A ver si corremos más!

Cuando en el colegio hacía baloncesto tuve un entrenador que gritaba constantemente: "Que nadie pare hasta que saque el hígado por la boca"... ayer me acordé de él cuando en pleno ataque de tos e inicio de mareo provocado por la asfixia sentí una masa viscosa en mi boca: el hígado. Bueno, aunque no fuera así yo me convencí de ello y paré.

Pero claro, aparte de eso, del dolor de espalda debido a la inactividad de varias semanas, de los callos y de la uña del dedo gordo del pie que otra vez está cascada, no podía abandonar el escenario (del crimen a esas alturas) pues debaja colgado a mi equipo con el riesgo de que no contaran conmigo para futuros eventos, con el decaimiento en mi exiguo contacto con la sociedad.

Ahora con el resuello otra vez recuperado espero la próxima llamada para un acto deportivo, y que en esa ocasión lo perjuducial que de por sí es el deporte no se convierta en algo heróico como aconteció anoche.