3.2.06

Cena de negocios

Anoche asistí a una cena de postín, por obra y gracia del gerente de la empresa de mi mujer, que "delegó" la asistencia.

A estas cenas acuden muchos hombres de negocios con sus consortes, y se supone que en ellas se favorecen las relaciones entre las empresas.

Observando el entorno siempre se percibe la facilidad con la que estas personas entablan conversación unas con otras como si se conocieran de toda la vida. Y no sólo inician la comunicación sino que son capaces de prolongarla a lo largo de toda la cena.

También se observa como detrás de esas conversaciones siempre están las relaciones empresariales, pudiendo incluso surgir negocios (oportunidades de colaboración, como les gusta llamarlo).

En un ambiente de este estilo una pareja de inadaptados al protocolo poco podíamos aportar, si acaso catar el mayor número de canapés y disfrutar el exquisito solomillo que nos sirvieron.

Sin embargo la fortuna nos asignó un compañero de mesa, joven, moreno y de ojos muy claros, que parecía casi tan desubicado como nosotros (la verdad es que nosotros ya somos unos expertos de la desubicación), así que mi mujer entabló conversación con él (yo la supero en cuanto a aislamiento social se refiere).

Al inicio de la conversación el tema versó sobre lo que hacía cada empresa, pero pronto se mostró con muchas ganas de hablar, aunque su expresión no fuera todo lo correcta y fluida que se estila en estos ambientes.

Cuando el muchacho fue adquiriendo confianza nos confesó que además de trabajar como director en la empresa de papá es miembro de la selección olímpica de remo y que entrena de cuatro a siete horas diarias. A partir de ese momento todo resultó mucho más interesante, pues nos olvidamos del postín (nos confesó que esas cenas le entusiasmaban lo mismo que a nosotros), de los empresarios y de las reglas de protocolo para hablar de la vida de un deportista de élite.

Fue sumamente interesante observar el dominio que tenía sobre aspectos de la fisiología humana a pesar de no haber dejado los estudios a los 18 años. Fue impresionante ver cómo una persona se impone una autodisciplina férrea para conseguir unos resultados. Pero lo más impresionante fue ver como aplicaba su experiencia deportiva a la hora de la gestión empresarial, aplicando el mismo entusiasmo a todo lo que contaba.

Le seguiremos en las próximas olimpiadas, y recordaremos que en ocasiones las cenas de negocios pueden ser interesantes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo creo que también sería de los que no se encontrarían a gusto en una cena así. Pero bueno, igual alguna vez nos toca tragarnos una.

Por cierto, te mando un MEME que me ha llegado. Si puedes échale un ojo y espero que lo sigas.

Saludos :)

P.D.: Podías decir el nombre del deportista con el que estuvísteis hablando para que lo sigamos todos :)

Bachiller dijo...

El hombre se llama Rafael Ferrer. Es de una familia con tradición, pero de él apenas he encontrado alguna mención en internet (ya tiene 26 años, aunque dijo que aún posee algún recor de España).